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En un camino de oración con Santa Marguerite Bourgeoys

Hermana Louise Côté, CND

Charles de Glandelet, guía spiritual y biógrafo de Marguerite Bourgeoys, escribió acerca de ella, «Cuando una persona en quien ella confiaba le pidió cuenta de su oración, ella le dijo que no podía orar discursivamente (…). Una sola palabra o una sola verdad la entretenía mucho tiempo». ¿De qué manera las verdades que ella contemplaba la mantenían mucho tiempo en oración, absorta y en presencia del Dios que ella amaba?

A principios del siglo XVII, estaba emergiendo la «Escuela Francesa de Espiritualidad». Indudablemente Marguerite estaba inmersa en ella y oraba de acuerdo a esta Escuela.

Esta espiritualidad estaba centrada en el Verbo Encarnado – el Hijo de Dios hecho hombre, verdadero adorador del Padre. Para sus guías espirituales, la Biblia era su libro de oración. Ellos promovían fuertemente la lectura orante de las Escrituras. Estas dos fuentes, el Verbo Encarnado y el Evangelio, inspiraron un método de oración de tres puntos: «Jesús ante tus ojos, Jesús en tu corazón y Jesús en tus manos».

Jesús ante tus ojos: Admira, adora, contempla, escucha… Marguerite Bourgeoys cuyo deseo fue el de vivir siempre en la presencia de Dios, ciertamente comenzaba sus oraciones colocándose ella misma en la presencia de su Amado, en un momento de adoración profunda. Ella escribió, «(el espíritu)  debe levantar la mente a Dios aún más rápido, para adorarle y pensar en lo que Él nos pide».

Jesús en tu corazón: Ama, permite que Jesús se mueva en ti; háblale… Marguerite nos dice que la oración «debe salir del corazón, su centro». Ella nos habla acerca de Dios «a quien nos apegamos inseparablemente». «Debemos», dice ella, «estar atentas a lo que se pide, a lo que se promete y a lo que se debe hacer por Dios».

Jesús en tus manos: Comprométete, declara, sigue nuestra vida con Jesús… De acuerdo a Marguerite, debemos «obtener de la oración algún pensamiento bueno que pueda servir todo el día», que inspire nuestras acciones, que nos ayude a imitar las acciones de Jesús. Glandelet escribió, «De su amorosa atención a la Divina Presencia, ella obtuvo la fortaleza para llevar a cabo sus actividades diarias».

Para verdaderamente ser capaces de caminar un camino de oración con Marguerite Bourgeoys, necesitamos explorar dos direcciones: su adoración a Jesús en la Eucaristía y su manera de llegar a Jesús «a través de María».

Al adherirse a la Escuela Francesa de Espiritualidad, Santa Marguerite Bourgeoys poseyó una devoción singular hacia el Verbo Encarnado presente en la Eucaristía.

Cuando la Congregación erigió su propia capilla, Marguerite se regocijó porque «el Soberano de todos los seres, el Creador de (…) todas las cosas, ha querido tomar lugar en esta casa». Ella continuó, «No puedo encontrar las palabras para darle gracias por todos los beneficios que hemos recibido de su Majestad divina, especialmente con este favor memorable de poseerlo en el Santísimo Sacramento del altar».

En su encíclica, La Iglesia vive de la Eucaristía, el papa Juan Pablo II describe a la Virgen María como una «Mujer de Eucaristía». En ese mismo sentido, al hablar Marguerite acerca de la Madre de Jesús dice, «Podemos todavía admirar su felicidad cada día, en la Santa Misa y en la Santa Comunión, al adorar a Nuestro Señor sobre los altares, al pensar que ella contribuyó a la materia de su Cuerpo sagrado que recibimos para alimentar nuestras almas».

Para Marguerite Bourgeoys y para la Escuela Francesa de Espiritualidad, la devoción Mariana nunca separó a María de Jesús. Más bien siempre vio en María la santidad de su Hijo. Meditando en la presencia de María en medio de los Apóstoles después de la Resurrección de Jesús, Marguerite contemplaba a una mujer que «llevaba en su corazón» todas las palabras que su Hijo había dicho. Ella recordaba sus enseñanzas a sus discípulos y, como en Caná, su invitación a ellos para que hagan «todo lo que él les mande». Ella vio a María con «los primeros cristianos, nuestros modelos, absortos en la oración y en el compartir del pan». 

Las maneras de seguir los pasos de Santa Marguerite Bourgeoys en un camino de oración pueden ser:

Ante el Tabernáculo donde está presente el Verbo Encarnado o en el silencio de nuestra habitación, contempla a Dios meditando Su Palabra, lo que Marguerite explica de esta manera: «Cuando el corazón está abierto al sol de la gracia, se ven flores de buen olor que nos hacen ver que hemos aprovechado la palabra de Dios».

Una vez que Jesús ha estado frente a nuestros ojos de esta manera, retírate a lo profundo de tu corazón y afirma tu fe y tu esperanza, haz peticiones, implora la gracia de Dios y ora, y dale gracias a Él por todas las bendiciones que ha derramado sobre nosotros y por el amor en que Él nos envuelve.

Quita de la oración los pensamientos que inspirarán nuestras actitudes y acciones, permítenos tener a Jesús en nuestras manos y contribuir para asegurarnos que Él es amado y servido.

Marguerite Bourgeoys también nos invita a buscar la intercesión de María, Madre del Verbo Encarnado, de manera que podamos, también, estar atentos para que hagamos «todo lo que Él nos mande».

 

Marguerite Bourgeoys

Nació en Troyes en 1620

Bautizada en la iglesia Saint-Jean-au-Marché

Murió en Montreal (Canadá) en 1700

Canonizada por el papa Juan Pablo II en 1982

 

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