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La historia de mi llamada

Janet Lawrence, CND

Un día durante la oración de la mañana, de repente me di cuenta que no solo Dios me había llamado a la fe católica y luego a la vida religiosa, sino que también Marguerite. Yo siento que ella sabía que estaba destinada a ser una de sus hermanas y le pidió a Dios que me pusiera en sus manos. Qué realización tan alegre muy cerca a la fecha de mis votos finales. Mi director espiritual me preguntó que si creo que Marguerite me confía su Congregación. Lloré en ese momento, sin llegar nunca a comprender completamente que ser su hermana significa que confiamos una en la otra con nuestras vidas. Ella confía que viviré a la altura de sus estándares como una hermana CND. Que honraré de manera especial la “vie voyagere” de María en su Visitación; que seré libre de ir a cualquier lugar donde se requiera mi presencia para proclamar el Evangelio, para llevar al mundo el conocimiento y amor de Jesús, el Verbo Encarnado, con mis palabras y acciones.

Ahora ya todas ustedes conocen la historia de mi llamada, y si bien es una llamada amorosa y espiritual de Dios, me gustaría hablar de la llamada de una manera diferente. Hace unos días me pidieron que viera una paciente, su nombre es Terry, y ese día mi compañera era Mychal. Hubo muchos factores, los cuales no mencionaré, que olvidé su nombre cuando me reuní con su familia. Ahora bien, esta no es la primera vez que olvido el nombre de una paciente, de manera que siempre tengo a la mano la lista de pacientes referidos. Pero, esta vez no la tenía y como Mychal recalcó, esto cambió la sensación en la habitación. Inmediatamente detuve a Mychal y le dije, no mencioné su nombre y al no hacerlo, esto afectó mi relación con ellos. Solo hasta que entramos de nuevo a la habitación y dije el nombre de Terry, fui realmente bienvenida en la habitación, en la vida de la familia. Dios nos llama a cada una de nosotras por nuestro nombre. Lo sabemos en el Salmo 139, “Señor, tú me examinas y conoces”. A través de las escrituras, Dios llama continuamente a mujeres y hombres. Todas estas personas tienen respuestas diferentes a la llamada de Dios en sus vidas.

Abrahán y Sara--Génesis 12 y 17

Moisés--Éxodo 3-4
Josué--1

Débora--Jueces 4:4-22

Ana y Samuel--1 Samuel 1-4

Isaías--6

Jeremías--1:4-19

Ezequiel--1-3

Zacarías e Isabel--Lucas 1

María--Lucas 1

Juan el Bautista--Lucas 3:1-20

Jesús--Mateo 3-4, Marcos 1, Lucas 3-4

Pedro--Lucas 5:1-11

Pablo--Hechos 9, Romanos 1:6, Gálatas 1

Marguerite Bourgeoys-- 1640 a los 20 años tuvo su experiencia espiritual, la que más tarde llamó un “toque” de gracia. Deseosa de responder a la llamada de Dios, ella decidió entregarse a él.

Janet--2005

Este año de CPE (ejecutivo médico certificado) ha estado lleno con muchas historias de llamadas. Cada día revisamos nuestras unidades para ver si alguien pidió que vayamos y lo visitemos. Luego escuché la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” Y respondí “Aquí me tienes, mándame a mí” (Isaías 6:8). Otra manera de leer esto es, “Hola, esta es la recepcionista de la unidad xx, tenemos un paciente que siente una gran angustia espiritual y nos pide al capellán”. El capellán responde, “Ahora mismo llego”. Este sábado pasado, mientras me relajaba en mi habitación con una taza de café y muy contenta de no tener muchas tareas, recibí una llamada de la Hna. Blanche, cuya habitación se encuentra a unos pasos de la mía, diciendo que tiene dolor en el pecho. Me apresuré y la encontré sentada en su silla, sudando y con la voz temblorosa. Le hago las preguntas de enfermería, ¿hace cuánto, dolor de cabeza, mareos, pérdida de visión? Responde no a todo. Dijo que ha durado unos 20-25 minutos. Pero yo sé que probablemente fue más tiempo ya que no quería molestar a nadie en la casa, especialmente a mí, ya que sabe que el fin de semana estoy muy cansada. Le pregunté sobre el dolor en su pecho y ella lo describe como aplastante, pesado y que no desaparece. Yo le dije que parece que tiene un ataque al corazón y que debe ir al hospital. Ella pelea conmigo y yo comprendo su temor. Pero le hablo y le ayudo a ver por qué debe ir. Ambas nos vestimos y llamo al 911. (Ella no quería ir al hospital en camisón). Los paramédicos llegan y hacen las pruebas estándar y también le dicen que necesita ir al hospital. Ella alega, pero yo le digo con voz firme y amorosa que no tiene elección. Ella cede, las otras hermanas la acompañan a la ambulancia y yo conduzco hasta el hospital para encontrarme con ellas en la sala de emergencias.

La hermana Blanche no es la primera hermana que me ha llamado a su habitación, pero ella ha sido la más enferma. En mi corazón sabía que esto no iba a terminar bien, pero nunca pensé que ella iba a morir. Cuando llegué, ella estaba rodeada de una gran cantidad de enfermeras, asistentes y doctores de cardiología, de cirugía cardiotorácica y doctores/enfermeras del laboratorio de cateterización. En la cacofonía del ruido, yo era la capellana, la hermana, la enfermera y la amiga de Blanche. Pero lo más importante, yo era la hermana que estaba a cargo de su cuidado y su conexión con la líder provincial y nuestra enfermera que venía en camino desde Rhode Island. Mi voz es la voz que representará los deseos de mi querida hermana, si es necesario. Oh Dios mío, acompáñame, ayúdame a ser todo lo que mi querida hermana necesita que sea para ella. Moisés le dijo al Señor, “Mira, Señor, que yo nunca he tenido facilidad para hablar, y no me ha ido mejor desde que hablas a tu servidor: mi boca y mi lengua no me obedecen”. “Anda ya, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que has de hablar”. (Ex 4:10, 12) Ella responde las preguntas como puede y yo me meto cuando no puede recordar. Me busca pidiendo ayuda y me agradece constantemente por estar con ella. No estaba segura si entendía la complejidad de lo que estaba pasando con su corazón porque no hacía preguntas sobre qué pasaría si… Así que cuando tuvimos un momento le pregunté si entendía lo que iba a pasar, ella dijo que solo un poco. De manera que repasé lo que le habían dicho y entonces ella comenzó a llorar. Me preguntó si era grave y le dije que parecía serlo. Le tomé la mano y rezamos solo un minuto porque el electro estaba empeorando y necesitaban llevarla inmediatamente al laboratorio de cateterismo cardíaco. El equipo me permitió seguirla, así que la llevé de la mano hasta el tercer piso y hasta la puerta. Mientras la empujaban, a la mitad del camino, les pedí que se detuvieran para que pudiéramos rezar de nuevo. Esta vez invoqué los nombres de Marguerite y Jesús para que estuvieran con ella y para que el Espíritu Santo ayudará al equipo en el cuidado de Blanche. Le dije que haría llamadas telefónicas, incluida su familia. Le dije que la amaba y ella me dijo lo mismo. Esa fue la última vez que la vi hasta que me llevaron para verla sin vida sobre la mesa, poco más de 5 horas después de que todo había comenzó.

Somos llamadas por nuestro nombre. Nuestro nombre es un artefacto de la vida de nuestros padres, nuestra cultura, nuestras historias personales y los sueños que tenían para nosotras. El don de nombrar es algo que llevas toda la vida y que marca tu tumba cuando mueres. El funeral de la hermana Blanche es el primero que he asistido. He estado fuera, por ejemplo, la cruz que llevo puesta pertenecía a otra hermana a la que amaba y murió cuando estaba en Camerún. La misa de funeral de Blanche fue hermosa y las bancas estaban llenas de muchos maestros y niños, tanto jóvenes como mayores, a quienes enseñaba o ayudaba mientras era la secretaria de nuestra escuela. Ella vivía y respiraba nuestra escuela, la escuela Villa María, conocía a cada niño por su nombre. La perturbó al final cuando estaba teniendo alguna pérdida de memoria y no podía recordar los nombres. A mí también me molesta cuando no recuerdo el nombre de alguien.

Tenemos una lápida grande y hermosa con el nombre de la Congregación de Notre Dame cincelada en ella y a su alrededor están marcados los nombres de las hermanas enterradas allí. Nos llaman por nuestro nombre. Conozco solo algunas de las hermanas, pero mientras camino y leo los nombres más atrás en el camino las hermanas me cuentan una pequeña historia de cada una de ellas. Así es como Dios nos llama, nacemos, vivimos nuestras vidas llamadas a hacer Su obra y cuando es nuestro tiempo, nos llama a casa. Mi hermana Blanche fue llamada a casa a la hora designada por Dios. Todas las personas en el funeral dijeron, ella está feliz ahora, está en la presencia de Dios y conoce el Amor. Pueda que sea verdad, pero en este momento mi corazón está roto. En su velorio hice una breve reflexión de la experiencia y dije que creo que su corazón se desgarró porque no podía contener más amor. Estaba sobrecargado y se rompió. Su amor ahora está extendido por toda la creación. Ella creía en la teología del cosmos antes de que existiera la teología. Así es como puedo darle sentido a una tragedia que no tiene sentido. Fui llamada antes de que mi madre me conociera. Mi Dios me llamó y nunca dejó de llamarme hasta el día de hoy. Él llama hasta nuestro último aliento. Solo espero escuchar Su voz y continuar diciendo SÍ.

 

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