El segundo capítulo de los Hechos de los Apóstoles describe a la comunidad cristiana reunida en espera de la venida del Espíritu Santo, con María en
medio de ella. En su visión del acontecimiento, Margarita Bourgeoys imaginaba a María presente, no sólo al mero momento de Pentecostés, pero más
bien durante todos los primeros años del crecimiento de la nueva Iglesia.
De eso también, ella ha tirado unas consecuencias prácticas para ella misma y para su congregación. Ella ha venido en Nouvelle-France para ayudar a
la fundación de Ville-Marie (Montreal), una colonia cuyos fundadores se proponían establecer «una nueva Iglesia en un nuevo mundo» según el
modelo de la primera comunidad crisitana. Ella y sus primeras hermanas vivían con la gente de Ville-Marie, enseñaban a sus hijos y a los de los
autóctonos, rezaban con ellos, les ayudaban a prepararse al matrimonio, iban en la corte con ellos, lloraban con ellos.
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